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Clientes y Cadena de Valor

Integrar los indicadores de RSE en la cadena de valor de una empresa permite optimizar su productividad, adquirir ventajas competitivas y mejorar su posición en mercados cada vez son más exigentes. Al mismo tiempo, agrega valor a sus procesos y servicios, lo que mejora su desempeño y la valoración por parte de los stakeholders.
Para referirse a la cadena de valor se debe tener presente que toda empresa posee una serie de partes constitutivas del proceso de creación de productos y servicios que no se encuentran aislados. Las partes que constituyen una cadena de valor son interdependientes, de modo que el cambio de una de ellas impacta a las demás. En suma, todos los procesos en una cadena de valor están ligados de un modo sistémico.
El norteamericano Michael Porter, quien popularizó el concepto de cadena de valor, la define como “una forma de análisis de la actividad empresarial mediante la cual se descompone una empresa en sus partes constitutivas, buscando identificar fuentes de ventaja competitiva en aquellas actividades generadoras de valor” (Porter, 1985).
Una profunda inmersión en cada una de las actividades de una compañía a la que alude Porter, permite conocer en qué situación se encuentra la empresa y cuáles son las consecuencias sociales y medioambientales que produce. Este es el fundamento para avanzar hacia una gestión que considere no sólo los aspectos financieros  y los patrones productivos tradicionales, sino que además tome en cuenta los costos y ganancias a largo plazo. Se trata de apostar también por un valor social que incluya a todos los afectados por la actividad de la compañía. Pero no por filantropía, sino porque se lo reconoce como un requisito que tomarán en cuenta sus clientes, accionistas, trabajadores, comunidad, entre otros. Y que finalmente le generará buena reputación, rentabilidad y ventajas respecto de sus competidores en el mercado.

Integración de la RSE en la cadena de valor

Ser una empresa socialmente responsable implica una revisión de cada una de las partes de su cadena de valor con el enfoque de RSE, de forma de que se puedan constituir fuentes que generen ventajas competitivas y agreguen valor al negocio.
El primer desafío es velar porque cada una de las partes de la cadena de valor sea social y ambientalmente responsable. Y el segundo, es disminuir costos.
 Lo primero que se debe realizar es evidenciar las consecuencias sociales y ambientales de cada etapa de la actividad empresarial, incluyendo las actividades primarias (logística, operaciones, marketing, ventas y servicios) así como las de soporte (abastecimiento, desarrollo tecnológico, gestión de recursos humanos, infraestructura de la organización). De esta identificación es posible distinguir los efectos que por sus impactos negativos se deberán revisar.
Considerar la RSE en la cadena de valor fortalece no sólo al negocio, sino también las capacidades de sus proveedores y clientes para que sean socialmente responsables. Porque la cadena empieza y termina con ellos, desde la consecución de materias primas para proveedores hasta el producto terminado que se entrega al cliente final.
Desde este punto de vista se genera valor para el consumidor, porque se tienen en cuenta sus derechos como tal, la información sobre los efectos colaterales del consumo, si es reciclable o no, los contenidos del etiquetado, las prácticas de marketing, difusión y venta que se utilizan, así como el postconsumo.
Lo segundo es tener en cuenta la importancia de la comunidad, ya que en ella se encuentran los clientes, empleados, quienes entregan las licencias para operar. De una forma u otra forma, toda actividad en la cadena de valor de una compañía impacta a las comunidades en donde se encuentra instalada. Sin embargo, no sólo la actividad de la compañía tiene efectos en la sociedad, sino también a la inversa. En este escenario, según Porter, “la mutua dependencia entre las corporaciones y la sociedad implica que las decisiones de negocios deben seguir el principio de valor compartido”. La idea es que el beneficio para la empresa, también genere valor para la sociedad. Porque si sólo una de las partes se favorece a expensas de la otra, las ganancias a corto plazo serán por un tiempo para la primera, pero no prosperarán en el largo plazo.
Por otra parte, el criterio para que la empresa se involucre con temas de la comunidad es la identificación de problemas y su intención de colaborar, lo que podría constituir una oportunidad para que la empresa logre una ventaja competitiva. Por lo tanto, este reconocimiento de la empresa depende no sólo de la gestión de la cadena de valor, sino también de la colaboración que puedan aportar a la comunidad y a los demás grupos de interés de la empresa.
Para que los miembros de una empresa no se queden sólo en palabras y buenas intenciones, es necesario que tengan en cuenta que cada uno de los procesos de la producción debe estar en línea respecto del concepto de RSE.

Beneficios de la RSE en la Cadena de Valor

En los últimos años, la mayor consideración de la responsabilidad social y ambiental por parte de empresarios, está permitiendo que tomen consciencia de los beneficios que produce integrar la RSE en su cadena de valor. Y esto se relaciona con que está siendo considerada una herramienta útil que puede dar cuenta del impacto que producen sus actividades.
Incluir la RSE en la cadena de valor también permite diagnosticar las fortalezas y debilidades referidas a cómo se están cumpliendo las buenas prácticas en la empresa, lo que hace posible realizar una planificación estratégica, con objetivos y acciones claras. El fin de esto es adquirir ventajas competitivas y maximizar la creación de valor, mientras se minimizan los costos.
Así mismo, la creciente consideración de la RSE en la cadena de valor está permitiendo considerar que, lograr la adhesión de los grupos de interés sobre las políticas y acciones que en materia ambiental implemente la empresa, puede producir buenos resultados. Es decir, gestionar y velar por un equilibrio entre el ámbito social, ambiental y económico, puede permitir a la empresa el logro de mejores y nuevos beneficios.
En una compañía, la estrategia debe trascender la mera intención de mejorar sus prácticas, es necesario que realice algo que la distinga de su competencia de modo que reduzca sus costos y satisfaga mejor a sus clientes. Es por eso que la implementación de la RSE en la cadena de valor, puede ser una oportunidad que surge a partir de la incorporación de indicadores económicos, sociales y ambientales en toda ella. Y esto puede ser un aporte estratégico para la innovación en la empresa, porque “la RSE más estratégica ocurre cuando una empresa añade una dimensión social (y ambiental) a su propuesta de valor, convirtiendo el impacto social (y ambiental) en una parte integral de la estrategia” (Porter, 1985).

 
 
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